Evolución hacia la integración de los marcos y estándares de reporte ASG. 2020: Año decisivo.

El año 2020 nos dejó importantes avances en el debate y la acción para la integración de los marcos y estándares de información ASG, movilizados especialmente por el creciente interés de los inversionistas. A continuación, un repaso a las principales tendencias e hitos:

CRECIMIENTO DE LA ATENCIÓN SOBRE SASB

Importante empuje desde BlackRock, principal gestor de activos a nivel internacional. En la carta de Larry Fink a sus participadas, en enero, llamaba a mejorar la información ASG que proporcionan a los inversionistas, la estandarización de la misma, abogando por el uso de los Estándares de SASB para los diferentes temas y de las recomendaciones de TCFD para informar de los riesgos de cambio climático, la gestión y gobernanza de los mismos.

Movimiento de otros inversionistas internacionales. Ejemplo en México, en que destacados inversionistas internacionales bajo la coordinación del Consejo Consultivo de Finanzas Verdes (CCFV) han realizado un llamado a las emisoras para fortalecer la gestión e información de cambio climático, así como atender los requerimientos de información ASG de inversionistas con el uso de los Estándares de SASB y las recomendaciones de TCFD, y mantenerlos complementarios de los Estándares GRI si ya se venían utilizando. Esto suma al hito de la firma en 2018 de la Declaración de inversionistas sobre divulgación de información Ambiental, Social y de Gobierno Corporativo en México para empujar los avances en la gestión y transparencia del desempeño.

AVANCES EN EL PLANTEAMIENTO DE UN MARCO INTEGRADO DE REPORTE: ESFUERZOS EXTERNOS A LAS ORGANIZACIONES CON MARCOS PROPIOS

En enero, desde el International Business Council (IBC) del World Economic Forum (WEF) se planteó un primer borrador de cómo se podían utilizar de manera conjunta los marcos y estándares existentes. Para desglosar los incluidos, utilizamos la categorización realizada por el propio WEF en 2019: Organización del ecosistema ASG en mapa. Incluye organizaciones que desarrollan marcos y/o estándares de referencia, agencias que utilizan la data de las empresas, etc. Busca facilitar el entendimiento de los diferentes roles y las relaciones entre los participantes, especialmente para los inversionistas – WEF (2019), “Seeking return on ESG”

Framework Developers: TCFD, CDSB; Standard Setters: GRI, SASB, ISO, GHG Protocol; Data providers specialized: CDP; Otros

En septiembre se publicó la versión final del marco integrado de contenidos y métricas: Measuring Stakeholder Capitalism Towards Common Metrics and Consistent Reporting of Sustainable Value Creation

  • Se organizan en 2 niveles: core (21 métricas) y expanded (34 métricas), que no constituyen niveles de reporting con mínimos establecidos. Se solicita a las compañías que reporten todas aquellas que puedan, con base en el principio de “reporta o explica”
  • Las métricas se presentan en 4 pilares acordes a los ODS y las principales clasificaciones ASG: Principios de Gobernanza, gente, Planeta y Prosperidad. Han sido generadas en la mayoría de los casos a partir de estándares ya existentes y pueden ser aplicadas en las diferentes industrias. 
  • Como “core metrics” se incluyen aquellas que las compañías ya vienen reportando con mayor frecuencia y se enfocan en sus propios límites, siendo más fáciles de generar. Las “expanded metrics” son menos comunes, e incluyen el desempeño de la cadena de valor o manifiestan el impacto de manera más compleja, por ejemplo, en términos financieros; ello hace más difícil disponer de la información.

AVANCES EN EL PLANTEAMIENTO DE UN MARCO INTEGRADO DE REPORTE: ESFUERZOS LA ORGANIZACIONES CON MARCOS/ESTÁNDARES PROPIOS

Con el apoyo del WEF y otras instituciones, se avanza en el diálogo entre las diferentes organizaciones de reporting. Existe presión por generar un esquema estandarizado similar al de la información financiera; desde las organizaciones s señala la disparidad de grupos de interés que hacen uso de la información ASG y, por tanto, la ausencia de paralelismo con el caso de la información financiera. También lo cambiante de la significancia de los diferentes temas ASG para las compañías y sus grupos de interés.

  • En septiembre, CDP, CDSB, GRI, IIRC y SASB publican conclusiones de un primer esfuerzo de aproximación. Siguen avanzado y en diciembre ahondan en ello, con un primer ejemplo de integración para atender la información de cambio climático: Statement of Intent to Work Together Towards Comprehensive Corporate Reporting
  • La principal contribución a la discusión es la diferenciación entre información de sostenibilidad, de cómo el desempeño de la compañía afecta al entorno (concepto establecido por GRI), y la información sobre sostenibilidad vinculada a las finanzas de la compañía, de cómo los aspectos ASG influyen en la estabilidad y resultados financieros. Sigue el planteamiento de la doble materialidad que ya se señala desde la Unión Europea para los avances en su directiva de información no financiera.

  • Se señala la complementariedad entre ambos conjuntos de información, la existencia de puntos en común y diferencias, y la posibilidad de que las metodologías pueden converger en el primer caso (puntos en común), pero no en todo momento, dependerá del propósito de la información.
  • Se presenta como ejemplo de integración para la información de sostenibilidad vinculada a las finanzas, un prototipo de estándar de información de cambio climático.

Fusión de SASB e IIRC – integración organizacional. Ambas organizaciones anunciaron en noviembre su integración en 2021, bajo la figura de Value Reporting Foundation. Destcan la complementariedad de utilizar el marco de reporte integrado <IR> del IIRC (sin indicadores) y las métricas de los estándares de SASB. Responde a la consolidación de iniciativas y ordenamiento del ecosistema de reporting que están solicitando los inversionistas; queda a la unión de otros como el CSDB.

ATENCIÓN A LAS TEMÁTICAS ASG DESDE EL MUNDO DE LA INFORMACIÓN FINANCIERA

IFRS Fundation, responsable de los estándares de contabilidad financiera de uso generalizado (IFRS Standards), lanzó en septiembre un proceso de consulta pública (hasta diciembre) sobre el modo en que podría contribuir a la estandarización de la información ASG.

  • Junto con la posibilidad de apoyar las iniciativas ya existentes, se abre a la opción de crear un Consejo de Normas sobre sostenibilidad y emitir de esta manera normas que estandaricen el actual escenario, con la experiencia desarrollada en el caso de la información financiera. 
  • Será importante ver el resultado de la consulta y los siguientes pasos de la Fundación IFRS. Por lo pronto, el organismo emisor de normas de la Fundación IFRS, el Consejo de Normas Internacionales de Contabilidad (IASB, por sus siglas en inglés), es miembro del Corporate Reporting Dialogue (CRD), primera gran iniciativa lanzada de homogenización (creado en 2014).

También este 2020, the International Organization of Securities Commissions (IOSCO) estableció un grupo de trabajo para avanzar en la transparencia de las compañías y accesibilidad de los inversionistas a información crítica para estos últimos, que podía ser solicitada desde los reguladores (Sustainable Finance Task Force). Su trabajo comenzó con un llamamiento a avanzar en la comparabilidad de los estándares, en la información disponible y la integración de la misma en los procesos de decisión de los gestores de activos.

TRAYECTORIA DE LAS ACTUALES INICIATIVAS DE REPORTE

Importante referenciar el desempeño de GRI en este tiempo, avanzando en la actualización de sus estándares y el lanzamiento de otros nuevos para temas emergente (ejemplo: Estándar de Fiscalidad en 2019).

En 2020 destaca el proceso de consulta para la actualización de los Estándares 101, 102 y 103, que muestra avances significativos en el alineamiento con otras iniciativas. Se hace énfasis en el rol de GRI para atender los requerimientos de información multistakeholder frente a iniciativas centradas en impacto financiero y la complementariedad que ello también permite.

  • Conforme a los borradores y las sesiones de trabajo, se obligaría al reporte de los contenidos de gobierno corporativo y se amplía la solicitud de información sobre debida diligencia en derechos humanos. Desaparecen además las opciones de conformidad, yendo a un sistema general como otras iniciativas de reporte.
  • Además, se revitaliza la actualización de los estándares sectoriales, a manera de poder apoyar a las compañías con métricas más ad hoc para sus modelos de negocio y actividad; seguimos manejando los previos de GRI G4.
  • Llamamos a trabajar especialmente en el suplemento de servicios financieros por su valor para poder reportar los avances en la implementación de los Principios de Banca Responsable de UNEP-FI.

Enfoque y acciones en sostenibilidad de las empresas en el post COVID. Claves del nuevo escenario.

Artículo publicado en la Revista Ekos. Noviembre 2020.

Los efectos del COVID sobre la economía, la salud pública y el bienestar de la población han sido críticos y en este momento seguimos en un escenario incierto. A pesar de ello, es necesario más que nunca que cada individuo e institución siga con fuerza poniendo de su parte para la construcción de una nueva normalidad sustentada en la recuperación económica y en nuevo entendimiento de las relaciones entre las personas y con el medio, con mayor foco en la sostenibilidad. La pandemia es un ejemplo de la irrupción de un riesgo de alto impacto pero baja probabilidad de ocurrencia, pero tenemos otros, como los vinculados al cambio climático, que tienen una alta probabilidad y de hecho ya se están materializando desde hace décadas, no habiendo sido abordados con el suficiente interés.

Ante los primeros impactos del COVID sobre la economía y sociedad, las empresas se volcaron especialmente en sus colaboradores, buscando garantizar su salud, y en la acción comunitaria para atender especialmente el déficit de infraestructura sanitaria y las necesidades de los colectivos más expuestos y vulnerables (ej. personal médico, y población en exclusión social). Se dio por tanto una combinación de medidas operativas para articular los procesos de trabajo en el nuevo contexto, y de apoyo social a través de donativos y otras aportaciones.

Desde la teoría de la responsabilidad social siempre hemos abogado por un accionar de las empresas que esté vinculado con sus actividades e impactos, por la articulación de un propósito que considere el desarrollo sostenible. Este propósito individual de cada empresa, relacionado con sus propios grupos de interés, fue ampliado en estos meses por la atención de un propósito colectivo: el combate al COVID, dada la excepcionalidad de la situación.

Después de esta respuesta inicial, ¿qué sigue?

Las empresas tienen la oportunidad de materializar su propósito fuera de la excepcionalidad inicial, atendiendo las oportunidades del nuevo escenario para desarrollar modelos de negocio ganar-ganar desde el punto de vista social y que resguarden el medio ambiente. Existen factores que serán especialmente claves y enumero a continuación:

  • Priorizar la utilización de los recursos, en un contexto de menor disponibilidad. En este momento es clave que las empresas hayan entendido la sostenibilidad como un factor estructural de su negocio y no una acción complementaria del mismo. Aquellos proyectos e iniciativas que no tengan esta vinculación estratégica con el negocio, tendrán serias dificultades para continuar.
  • Considerar la colaboración. La atención inicial de la crisis ha demostrado que los grandes desafíos sociales requieren de la colaboración entre diferentes agentes, idea de base de la Agenda 2030 de la ONU con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Las empresas buscarán atender las necesidades de su entorno como parte del equilibrio necesario para su actividad, teniendo más presentes las ventajas y oportunidades de trabajar junto a otros.
  • Medir el impacto, dimensionar la contribución ya sea del propio negocio y/o de iniciativas particulares, como una de las variables para priorizar unos esfuerzos por sobre otros. La medición y rendición de cuentas en el uso de los recursos son ahora imprescindibles.
  • Poner mayor énfasis en la acción local. Con las redes internacionales de comercio a medio gas se han puesto de manifiesto la necesidad de reforzar los ecosistemas locales de producción y abastecimiento, la importancia del desarrollo de los proveedores locales y la cercanía con el consumidor.

Estamos por tanto ante un momento de rediseño del modo de entender la operación y las relaciones con los diferentes grupos de interés, incluso el propósito de las organizaciones, con base en el desarrollo sostenible. No dejemos pasar la oportunidad.

Responder desde el propósito, clave para la confianza del consumidor

Artículo personal publicado en Ekos.

El impacto del COVID en la percepción que los consumidores tienen de las marcas; la importancia de desempeñarse apegadas al propósito. La sostenibilidad como cimiento de ese propósito

El actual contexto ha detonado cambios significativos para las empresas en la relación con sus grupos de interés, por ejemplo, en la gestión del capital humano y el modo en que hacen llegar los productos y servicios a sus clientes, incluso en la propia naturaleza de los mismos por las nuevas necesidades de la población.

El consumo es dinámico, evoluciona, a la par que los hacen los diferentes factores de compra, se incorporan y/o desaparecen variables. Una de las tendencias que se está reforzando, en estos convulsos meses que estamos viviendo, es la preferencia por marcas y/o empresas con propósito, que atiendan las necesidades para un construir un mundo mejor, vinculadas a los principales desafíos sociales y ambientales.

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Las empresas se encuentran entonces ante la necesidad de pensar y/o repensar el porqué de su existencia, igualmente en el caso de sus marcas. Para ello, es importante considerar una propuesta de creación de valor multistakeholder, realizar la reflexión en estrecha comunicación con los diferentes grupos de interés e incluso involucrarlos en un proceso de co-creación. Debe guardar relación con los valores y materializarse en acciones, no sólo en iniciativas de responsabilidad social, sino en el propio diseño y ejercicio del modelo de negocio, en el planteamiento de los productos y servicios.

La ciudadanía ya ha interiorizado que vive en un entorno de incertidumbre y busca referentes. La confianza en las empresas es mayor que en los gobiernos, como ha venido destacando Larry Fink, CEO de BlackRock. Esta situación además se ha intensificado debido a la pandemia. Una de las recientes ediciones del Trust Barometer de Edelman (marzo), destacaba la preferencia por la información que trasmitían las compañías y por las medidas que estaban tomando en cuanto a seguridad y salud, respecto a los gobiernos.

Esta reflexión de los ciudadanos se traslada a su rol como consumidores, prefieren aquellas marcas en las que puedan confiar. Lo más significativo es la penalización, si bien la confianza y el vínculo entre el consumidor y la marca (o la empresa) necesita de tiempo para fraguarse, la ruptura puede ser muy rápida, especialmente si se producen casos significativos de malas prácticas con cobertura mediática.  La respuesta al COVID está siendo un momento de especial exposición, que influye en las decisiones de compra. También desde Edelman, en sus estudios de marzo, arrojaban que el 71% de los consumidores abandonaría aquellas empresas (y marcas) que antepusieron los beneficios a las personas durante esta crisis del COVID, incluyendo la respuesta para con sus empleados y su cadena de valor.

Las semanas han pasado y la situación se refuerza, el apego por quién esté aportando a resolver la crisis. En Ecuador, los informes de IPSOS han arrojado un 90% de encuestados que creen que las marcas deben involucrarse en la respuesta, que deben poner de su parte. ¿Pero cómo debe ser esa respuesta? Muchas compañías se encuentran en este momento ante el miedo de parecer oportunistas, paralizadas en cómo responder, más allá de las medidas operativas que permitan garantizar la actividad.

La clave es la relación con el propósito, que se entienda forma parte de la razón de ser de la compañía y, por tanto, que existan una vinculación con los valores que promulga y con el tipo de actividad que desarrollan. Estamos ante la oportunidad de reafirmar ese vínculo.

 

Una respuesta inclusiva al Covid-19 desde las prioridades de la Agenda 2030

Columna personal publicada en El Economista

El actual contexto de pandemia ha supuesto sin duda un shock en nuestras actividades y prioridades de trabajo. Sin desatender la respuesta inmediata que requiere, es importante tener en cuenta que el Covid-19 no llega a una sociedad global próspera, sino a un planeta herido por problemáticas críticas como el cambio climático y la desigualdad. La Agenda 2030 incluye los principales desafíos en una hoja de trabajo que estaba sirviendo para el establecimiento de las prioridades públicas, la cooperación público-privada, y el ejercicio de la responsabilidad social por las empresas. Los ODS servían de guía en este desafío colectivo. Pero, ¿hablamos en pasado?

Es importante seguir construyendo a favor de la Agenda 2030, tener la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible como un propósito de nuestras organizaciones. En un escenario esperanzador, podremos dejar atrás el Covid-19 a partir de los aprendizajes colectivos, rediseñando el modo en que nos relacionamos como sociedad y con el planeta. Pero los grandes desafíos no se habrán ido, de hecho, en muchos casos se habrán agravado, si no los seguimos incluyendo en nuestra respuesta, en cómo edificamos el post Covid-19.

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Si bien la pandemia está teniendo impactos positivos sobre las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), como consecuencia de la disminución de la actividad industrial y el transporte (ODS 13), así como está reforzando el trabajo en alianza entre diferentes organizaciones (ODS17), su afectación a otros ODS está siendo especialmente negativa. La caída de los ingresos de las familias es una realidad, especialmente en los sectores más vulnerables (ODS1); la crisis económica podría dejar a más de 25 millones de personas sin trabajo (ODS 8), con especial impacto en las mujeres por su mayor exposición a la informalidad en el empleo (ODS 5); es asimismo un momento crítico para la violencia intrafamiliar.

La desigualdad es el factor clave que agrava los impactos del Covid-19. Por ejemplo, la solución de la educación en línea ante el cierre de las escuelas excluye a los niños de familias de escasos recursos (ODS 4). La propagación en las ciudades se acentúa en aquellos lugares con mayor densidad de población y peor infraestructura (ODS 11). Como vemos los impactos van más allá del detrimento generalizado en la salud y el bienestar a nivel global (ODS 3).

En América Latina, la desigualdad es crónica. Basta decir que el 10% más rico de la población gana 70 veces más que los más desfavorecidos. Por tanto, la respuesta a la pandemia por parte de los estados, las empresas y la sociedad en su conjunto debe ser inclusiva, tanto en el diseño como en la implementación de las diferentes medidas, con foco especialmente en aquellos más vulnerables. La situación en que impacta este tsunami era ya crítica, con déficits en los sistemas de salud. En América Latina sólo se destina el 12% del PIB en gasto público social, frente al 29% que destinan los países más desarrollados (CEPAL, 2019). En 2019, el 30.8% de la población de la región se encontraba bajo la línea de la pobreza según las proyecciones de la CEPAL; además, la población de ingresos medios muestra un alto riesgo de volver a caer en la pobreza ante eventos catastróficos, justo nuestro actual escenario.

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Las medidas que se están tomando deben considerar los derechos humanos, la excepcionalidad no justifica el retroceso. La desigualdad es un atentado a está máxima y la respuesta a la pandemia precisa ser inclusiva, para seguir avanzando en la construcción de sociedades estables y prósperas. Desde las Naciones Unidas se hace un llamamiento a poner el foco tanto en aquellos grupos más impactados por la actual situación, como las mujeres, los trabajadores de menores ingresos y las pymes, junto a aquellos colectivos que ya eran especialmente vulnerables en las diferentes geografías.

La colaboración es fundamental para ello, para maximizar el impacto ante la menor disponibilidad de recursos. El sector privado tiene la oportunidad de ejercer un liderazgo responsable, desde su actividad, manteniendo su compromiso con la Agenda 2030 e incluyéndolo en la respuesta a la pandemia. Cuando se diseñe una medida, ha de considerarse el impacto social, si la respuesta es integradora en relación al género, la edad y las condiciones socioeconómicas, entre otros aspectos. De igual modo, debe atenderse el impacto en el medio ambiente, su perjuicio compromete el desarrollo.

Es momento de una respuesta inclusiva.

¿El fin de la sostenibilidad o el momento de la verdad?

Artículo personal publicado en El Economista.

Nos encontramos en semanas de especial incertidumbre, donde emerge en mayor medida la desconfianza por parte de la ciudadanía hacia empresas y gobiernos. En este contexto de conflicto y desapego, ¿hay espacio para pensar en sostenibilidad? ¿En un entendimiento de nuestras acciones por el bien común del desarrollo sostenible?

En este momento las empresas más que nunca se encuentran ante el escrutinio de sus diferentes grupos de interés. Ahora es cuando quedará claro que compañías tienen un entendimiento de creación de valor para el conjunto de los mismos, más allá de esquemas cortoplacistas de resultados y/o de un uso de la sostenibilidad como escaparate de mercadotecnia sin trasfondo.

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Existe una oportunidad de mostrar liderazgo, de pensar en el mañana sin dejar de atender el hoy. Las compañías que quieran apostar por ello tienen argumentos de sobra.

Por un lado el acceso a financiamiento, de la mano de los inversionistas. Al respecto, cabe destacar como BlackRock sigue apostando más que nunca por aquellas compañías que actúen conforme a criterios de sostenibilidad e insiste en el enfoque de largo plazo, como señaló a finales de marzo su CEO, Larry Fink, en una comunicación excepcional a sus participadas. También da muestra de ello el crecimiento de las acciones de Johnson & Johnson luego del anuncio que comenzarán las pruebas de su vacuna contra el COVID y que el objetivo es ofrecerla sin costo, como destacaba un reciente artículo de Fortune. La emisión de bonos verdes, sociales y/o sostenibles continúa experimentando records de colocación, incluso en este contexto. Cabe señalar por ejemplo la reciente emisión en marzo por Iberdrola de 750 millones de euros en bonos verdes. Incluso la lucha contra el COVID-19 ya ha sido autorizada por la Asociación Internacional del Mercado de Capitales (ICMA) como criterio para la emisión de bonos sociales.

Por otro lado, los clientes están especialmente atentos a la respuesta de las empresas a esta situación. La reciente edición especial del Trust Barometer de Edelman, realizada con muestra a finales de marzo, destaca como el 71% de los consumidores declara que aquellas marcas que están anteponiendo los beneficios sobre la fuente perderán su confianza para siempre. La sociedad demanda además congruencia en el ejercicio de los liderazgos y en la toma de decisiones, incluyendo cómo las compañías están reaccionado con sus colaboradores y cadena de suministro. Ello por no referir la importancia que tendrá en el escenario post COVID el compromiso de los colaboradores, totalmente vinculado a la respuesta de su empleador en estos días, así como la confianza y disposición de sus proveedores.

Goal

Es momento de separar el grano de la paja, de conectar el propósito de la organización con las acciones, de materializar dicho propósito. Las compañías tienen la oportunidad de que su razón de ser atienda un nuevo modo de hacer las cosas, conectado con la reducción de las desigualdades y el respeto al medio ambiente. El planeta es un enfermo con patologías conectadas, la crisis climática está vinculada al escenario del COVID, que a su vez tiene especial impacto en los lugares de mayor desigualdad. La Agenda 2030 plantada desde las Naciones Unidas ya fungía como excelente diagnóstico y en estos días se llama a seguir considerando la necesidad de avanzar al respecto, de entender que los Objetivos de Desarrollo Sostenible están interconectados. Desde la nueva realidad del COVID, trabajar desde el core de negocio de las empresas, a través de la innovación, que incluso puede detonar nuevos modelos. También poner fuerza en las alianzas, que han venido siendo claves en esta hoja de ruta y cuyo potencial se está poniendo especialmente de manifiesto en la rápida respuesta a la emergencia sanitaria y social. Junto con romper el tabú del teletrabajo, el COVID también rompe el de la colaboración entre organizaciones.

Es momento por tanto de repensar o darle forma al propósito, de trasladarlo a las acciones. Ahora más que nunca, ante la necesidad de ser eficientes en el uso de los recursos, se trabajará sobre la maximización del impacto, sobre las iniciativas que van más allá del retoque cosmético y la apariencia. Destacará asimismo la redención de cuentas, ante la desconfianza instalada como una nueva normalidad, de comunicar el uso de los recursos, los resultados obtenidos y hacerlo en comunicación estrecha con los diferentes grupos de interés.

Cuando el tsunami del Covid-19 cambia las prioridades: la responsabilidad de la empresa

Columna personal publicada en El Economista

Ningún momento es igual a otro, pero éste supera cualquier parecido con otra crisis previa, por lo inesperado, repentino y el pánico social y empresarial que está generando. Provoca cambios urgentes en nuestros hábitos. A nivel global, una posible pandemia estaba en el radar, formaba parte de la matriz de riesgos potenciales que publica anualmente el World Economic Forum. Si bien su impacto se anticipaba como alto, se marcaba una baja probabilidad de ocurrencia, frente a fenómenos naturales que ya veníamos viviendo en relación con el cambio climático. Sin embargo, el presente nos trae la realidad de enfrentarnos a una situación desconocida, desde el ámbito personal y laboral, de las empresas o instituciones de las que formamos parte.

En este texto busco la reflexión sobre el papel que la empresa puede adoptar en el corto y medio plazos, sustentado en su responsabilidad social y su ciudadanía corporativa, en relación con sus diferentes grupos de interés.

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En el corto plazo, la empresa ha de priorizar a sus colaboradores, la fuerza que generó, genera y generará su actividad y resultados. Algunas de las medidas han sido de sobra repetidas ya en estos días: facilitar el teletrabajo y cuando no sea factible trabajar con reducción de horarios, reasignación de actividades, incluso detención de la operación, pero ello sin que el despido sea la opción elegida. Existen ejemplos de fórmulas que se están aplicando en algunos países, caso del ERTE en España, pero han de ser garantistas de los derechos del colaborador y apegados a la ley, incluso a los marcos excepcionales que están planteando los gobiernos. La empresa debe entender al colaborador en el contexto de sus circunstancias, del escenario de su familia directa y dependientes, trabajando con la unidad familiar y no considerando aisladamente a su personal. Es importante convertirse en canal de información veraz para su plantilla, en alternativa al bulo.

Es momento de ejercer un liderazgo responsable dentro de las compañías, en la aplicación personal de las medidas sanitarias y en las condiciones laborales que se marquen para los equipos. Estamos, además, ante una ventana de tiempo extraordinaria para facilitar la capacitación por vías telemáticas, de ofrecer a los colaboradores una oportunidad de desarrollo pensando en las oportunidades que se den en el escenario poscrisis.

El riesgo operacional no sólo está en el equipo humano, también en la disponibilidad de materiales en aquellos casos en que la operación pueda continuar. Es clave gestionar los inventarios, maximizando el aprovechamiento de los actuales y estudiando nuevas alternativas, no sólo de proveedores o rutas, también de tipo de insumos. ¿Es posible la innovación en este contexto? Sí.

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Del escenario actual y el desempeño en las próximas semanas, las empresas han de tomar nota para un refuerzo de los procesos y responsabilidades, de la gobernanza y acción en la gestión de riesgos. También, pensando en ese medio plazo, buscar el refuerzo de la comunicación interna, el diseño e implementación efectiva de procesos coordinados y participativos, de manera que no haya eslabones de alto riesgo por ser silos.

En cuanto a la provisión de productos y servicios, la innovación en los modelos de negocio y en la oferta, cada empresa debe buscar el modo de aportar al escenario poscrisis, no sólo por la oportunidad de negocio sino con un enfoque de construcción de un nuevo modelo de operación y consumo, de relación entre los diferentes grupos de interés.

La tecnología está siendo clave en el hoy, en cómo estamos afrontando la emergencia. Pasado el tsunami, las empresas como parte de su responsabilidad social tienen la oportunidad de enfocarse en el modo en que desde su ámbito se puede aportar a reducir el sesgo digital, en el acceso y uso de las tecnologías para las diferentes actividades diarias.

Pero no todo es responsabilidad de la empresa, cabe hacer un inciso en el rol de las administraciones públicas como garantes de derechos y articuladores de soluciones junto al resto de agentes. También es crítica la responsabilidad social individual, nuestro modo de estar en el mundo a título personal, por ejemplo, el ejercicio del consumo responsable. Ello está quedando especialmente expuesto en estos días, donde nos enfrentamos a decisiones que no imaginábamos. Ahora más que nunca, construir en colectivo es imprescindible para el futuro de todos.

Sustentabilidad en los negocios: un punto de inflexión

Columna personal publicada en El Economista

Las sociedades viven un momento de pulso entre la forma tradicional de hacer negocios y las demandas para el aprovechamiento racional de los recursos y la protección del entorno. En el 2019, la urgencia de actuar contra el cambio climático se tornó en un movimiento global, con especial protagonismo de los jóvenes, que desafían el statu quo urgidos por su futuro. La controversia suscitada por Greta Thunberg y la presión ejercida por el movimiento de Fridays for Future trasladaron a la opinión pública el debate sobre la necesidad de cambiar la forma en que nos desempeñamos, tanto empresas como ciudadanos. En materia social, los estallidos en diferentes países de la región han vuelto a poner sobre la mesa el gran desafío de Latinoamérica, la urgencia de reducir las desigualdades, objetivo del que tienen que participar los gobiernos, las empresas y la propia ciudadanía.

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Pero la sostenibilidad ya venía formando parte de la agenda empresarial, de la gestión de riesgos y los análisis de transformación para el futuro, desde el corto plazo. Aquellas compañías cuyos líderes entendieron esto de manera temprana están realizando cambios en sus modelos de negocio e incorporando el desempeño ambiental, social y de gobernanza (ASG) como parte de las métricas de dirección. El desarrollo de políticas e iniciativas vinculadas al impacto en dichas temáticas es insuficiente si no se integra en la estrategia corporativa, en el propio planteamiento de cómo se materializa el negocio, así como en los indicadores de gestión y en la remuneración variable de los principales ejecutivos.

El escenario para las empresas es cada vez más apremiante. En los análisis que anualmente presenta el World Economic Forum sobre los principales riesgos, han venido tomando creciente relevancia los vinculados a temas ambientales y sociales. En su más reciente presentación, hace unas semanas, por primera vez los cinco principales riesgos por probabilidad están relacionados con el medio ambiente, en concreto con el cambio climático. Se trata de un punto de inflexión que llama a la urgencia de que las compañías repiensen sus modelos de negocio y operación, para construir alternativas que les permitan no sólo subsistir en el tiempo, sino liderar la transformación de sus sectores y atender nuevas oportunidades.

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Si las empresas ya habían empezado a considerar la sostenibilidad, una de las principales razones es el acceso al capital. Los inversionistas están incorporando criterios ASG en la selección de sus portafolios, proliferando las iniciativas para el desarrollo de políticas y criterios propios, así como estándares sectoriales y transversales. La iniciativa de los Principios de Inversión Responsable (PRI, por su sigla en inglés), que cuenta con el apoyo de Naciones Unidas a través de UNEP Finance Initiative y UN Global Compact, ya supera 2,500 signatarios a nivel internacional, que representan una inversión de 90 billones de dólares. Particularizando en BlackRock, líder mundial en gestión de activos, cabe destacar el posicionamiento que está tomando. En las últimas cartas anuales de su CEO a la dirección de las compañías en las que invierte, los temas ASG están cada vez más presentes. Hace unas semanas, en la misiva del 2020, el cambio climático se erigió en principal protagonista. Destacó que se trata de un factor decisivo para las proyecciones de las compañías, que va acompañado de un cambio en la obtención de financiamiento y en la relación con los diferentes grupos de interés, en un contexto de creciente contestación social sobre éste y otros temas.

Pero, ¿cómo pueden los inversionistas discernir si una compañía está desempeñándose en su estrategia y operación considerando los temas ASG? La proliferación de calificadoras especializadas busca atender ese mercado, del mismo modo que los diferentes índices en que seleccionan y priorizan compañías listadas. Esta semana vivimos un hito al respecto en México, con el lanzamiento del índice FTSE4Good BIVA, que busca atender los requerimientos de inversión y se suma al IPC Sustentable de la Bolsa Mexicana de Valores. FTSE Russell y S&P con SAM se posicionan como las calificadoras principales. Las empresas mexicanas tienen la oportunidad de ver reconocido su desempeño y liderazgo, tanto en el país como fuera a través de los diferentes índices internacionales.

Estamos por tanto en un punto de inflexión al interior de las compañías, si bien los grados de conciencia y avance difieren en función del sector, el contacto con el capital externo y las regulaciones, entre otros factores. El debate en el interior de las compañías debe llevar la un replanteamiento de los modelos de negocio, que les permita seguir entregando valor a través de su actividad, atentos a las necesidades del entorno y ejerciendo como ciudadanos corporativos.

El desafío de la ética corporativa, del liderazgo a la reciprocidad en la cadena de valor

Columna personal publicada en El Economista.

Las compañías están formadas por personas, con sus creencias y valores individuales, pero trabajan en equipo con base en la cultura organizacional, promovida para la relación del personal entre sí y con el resto de grupos de interés. La ética corporativa parte de la misión y visión de la compañía, está estructurada conforme a unos valores comunes definidos y materializada para su ejercicio en políticas internas con lineamientos a seguir, que constituyen las reglas del juego para un desempeño acorde.

Para que cristalice al interior de las compañías una cultura de ética es clave el rol de los líderes y la ejemplaridad de la alta dirección. La ética genera confianza, fortalece la vinculación con las personas a cargo y el compromiso de las mismas. Los líderes éticos tienen una visión de conjunto, velan por la integridad de las compañías y los equipos, por encima del bien propio. Sirva de ejemplo cómo ejecutan su deber fiduciario, la obligación de actuar en el mejor interés de las otras personas. Ello se materializa a su vez a través del deber de lealtad, de maximizar el valor creado para los diferentes grupos de interés (antes enfocado principalmente en los accionistas y otros proveedores de capital) y el deber de diligencia, de la consideración de la información necesaria para la toma de decisiones pertinente.

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El ejercicio del liderazgo ético considera el cumplimiento de la autorregulación establecida en la compañía, de manera ejemplar, además de la normativa y otros acuerdos establecidos con grupos de interés. Existe una estrecha relación entre la cultura de ética y de cumplimiento, considerando el cumplimiento más allá de la legalidad, el conjunto de los requisitos y compromisos de la organización, de conformidad con la interpretación de la norma internacional ISO 19600, de directrices para sistemas de gestión de cumplimiento. Materializar el liderazgo es tarea compleja, pero ello no justifica la incursión en prácticas dudosas, donde no se esté velando por la integralidad del valor para los grupos de interés. Con base en el respeto por los demás, el servicio, la justicia, honestidad y creación de comunidad en torno a la diligencia (basado en  G. North-house, ), es posible avanzar en el día a día en el ejercicio ejemplar de la ética.

El desempeño ético en la compañía entrega importantes beneficios para la misma. Desde la operación, facilita la detección de malas prácticas y el ejercicio del control y seguimiento, brindando confianza a los diferentes grupos de interés, partiendo por los equipos. La mejora continua derivada de la diligencia en ética arroja además ventaja competitiva, y prepara a la organización para una mayor exigencia que pueda incorporarse a los marcos normativos en los lugares donde opera. El establecimiento de los lineamientos internos debe ir acompañado de la formación del personal, de la construcción de la cultura con base en argumentos. De este modo, los colaboradores de compañía pueden evolucionar respecto de entendimientos individuales, en algunos casos controvertidos. Es clave además que puedan formular sus consultas.

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Convertir a los colaboradores en agentes de cambio sustenta la cultura, acompañado de la puesta a su disposición de mecanismos de denuncia para los incumplimientos que detecten, con mecanismos que resguarden su integridad personal, así como procesos garantistas respecto del análisis de los casos. Incluir órganos colegiados en el proceso de análisis de las denuncias es esencial, evitando decisiones arbitrarias personales; la constitución de un comité de ética con participación de alta dirección es un ejemplo, así como la gestión de la plataforma de denuncia por terceros independientes, que puedan redirigir los casos para el análisis en la compañía garantizando la ausencia de conflictos de interés en el tomador de decisión.

Las compañías no están aisladas, la cultura ética se vive en cada interacción de los colaboradores con los grupos de interés externos, por ejemplo con proveedores y clientes. Los esfuerzos para el fortalecimiento de la misma precisan de la actuación también en la cadena de valor, para reducir el riesgo en las transacciones y fomentar un desempeño acorde con los valores y principios de la compañía, también en los terceros que participan del ciclo del producto y o servicio.

La ética es compleja y alto el riesgo de incumplimiento, pero evitar la destrucción de valor para uno o varios de los grupos de interés requiere del compromiso de la alta dirección y el esfuerzo de todos los colaboradores, así como de la reciprocidad de los miembros de la cadena de valor. Sin embargo, es posible.

El cambio en el deber fiduciario para el ejercicio del gobierno corporativo: ¿un enfoque multistakeholder?

Artículo personal publicado en El Economista.

El entendimiento del gobierno corporativo de las compañías vive una evolución desde el ejercicio de toma de decisiones pensando en la retribución de los inversionistas hacia un enfoque que asegure la rendición de cuentas, la equidad y la transparencia en la relación con el conjunto de los grupos de interés.

La shareholder’s primacy rule se instauró especialmente en los mercados entrado el siglo XX, con la decisión judicial que rechazó en Ford Motor Company la política de Henry Ford, presidente del directorio, además de fundador y accionista controlador, de uso de las utilidades más allá de priorizar únicamente el reparto de dividendos. Bajo este enfoque, él pretendía incorporar también la mejora de condiciones salariales y del acceso de los clientes a los productos. Luego de la reclamación por parte de los hermanos Dodge, accionistas minoritarios, el tribunal rechazó la política y quedó fijada la obligación del administrador de toda compañía de maximizar los beneficios para los accionistas.

Así ha venido siendo históricamente, pero nos encontramos en un contexto de creciente cuestionamiento del rol de las compañías en la sociedad, especialmente ante problemas críticos como el cambio climático, el agotamiento de los recursos y la necesidad de un desarrollo social inclusivo. La sostenibilidad de las compañías en el tiempo está en entredicho, expuestas a los riesgos de operación y, en consecuencia, de financiamiento que arroja dicho contexto.

El ejercicio de gobierno corporativo entrega a las compañías un fortalecimiento del control y monitoreo de las actividades, de la trasparencia de gestión, pero también del deber fiduciario, la obligación de actuar en el mejor interés del otro. ¿Pero de quién? Aquí es donde vivimos una transición de la responsabilidad para con los accionistas a un alcance más amplio que incluya al conjunto de grupos de interés.

En julio de este año, cerca de 200 CEO de compañías estadounidenses, agrupados en la Business Roundtable, mostraron la mayor apertura hasta la fecha respecto de este enfoque. El grupo, que en sus recomendaciones de gobierno corporativo venía defendiendo la shareholders primacy rule, dio paso a un nuevo entendimiento, que enlaza con la idea de la ciudadanía corporativa a través del deber fiduciario. Si bien el nuevo posicionamiento tiene mucho de defensa pública de la contribución que han venido realizando al país, ya abre la puerta a la idea de la responsabilidad más amplia con la sociedad.

Partiendo de la atención a los clientes, a través de la innovación y la atención de sus necesidades, suma la generación de empleo y la formación de sus equipos, de manera inclusiva atendiendo la diversidad. Los firmantes consideran, además, el desarrollo de los proveedores, respeto a las comunidades y al medio ambiente. Respecto de los inversionistas, enfatiza la generación de valor con enfoque de largo plazo, dando una estocada al cortoplacismo imperante en los mercados. Si bien el manifiesto y la nueva postura que contiene no son revolución, sí consolidan el cambio de paradigma en el entendimiento del deber fiduciario y de la generación de valor.

Se suma a otros avances internacionales. Cabe destacar la consideración del enfoque multistakeholder en los Principios de Gobierno Corporativo recomendados desde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y el G20. Si bien enfatizan la rendición de cuentas para los accionistas, a manera de evitar los problemas de agencia por disparidad de intereses entre administradores y propietarios, señalan que esperan que se consideren los intereses de otras partes y recuerdan la importancia del cumplimiento de las legislaciones ambientales y sociales.

El crítico contexto y la creciente exposición de las compañías requieren, sin embargo, ir más allá de las exigencias legales, estableciendo de manera propia y colectiva, a través de los gremios u otras organizaciones, lineamientos más exigentes. Se están produciendo avances al respecto, pero es necesario seguir profundizando, bajo las premisas de la construcción de confianza, la prevención de riesgos y atención de los impactos, haciendo partícipes a los grupos de interés con un amplio alcance.

Economía circular: un nuevo paradigma para los negocios, una oportunidad para empresa y sociedad

Artículo personal publicado en Impacto Positivo.

La economía circular supone un cambio en el entendimiento de los negocios y de la forma de operar de todos los actores de la sociedad, considerando la responsabilidad del acuciante escenario de contaminación y problemáticas socioambientales. Rompe con la el escenario lineal de “tomar, hacer, desechar” y permite a las empresas responder a los riesgos de mantener dicho enfoque, como la creciente escasez de recursos y la pérdida de competitividad ante los cambios de tendencias en los consumidores.

Materializar modelos de economía circular va más allá de los modelos 3R y 5R ya conocidos y con énfasis en la recolección y gestión de residuos; supone trabajar de manera integral sobre el ciclo de los productos, desde la fase de diseño y el involucramiento de los proveedores. Al respecto, se construyen redes de interacción de la mano de un pensamiento en sistemas, que permitan extraer valor adicional de los productos a los largo de las diferentes etapas de su ciclo de vida.

Desde la Fundación Ellen McArthur, referente internacional en el tema, plantean la generación de recorridos circulares para los componentes técnicos (materiales transformados), promoviendo el diseño para el reaprovechamiento por sobre el reciclaje, el desmontaje y la readaptación, extendiendo al máximo las fases de uso; para los componentes biológicos, el compostaje y su reintegración al medio, como sumidero. Conceptualmente, los residuos pasan a ser recursos, y se enfatiza la utilización de “suministros circulares”: materiales reciclables y/o reciclados, energía renovable y recursos biológicos.

Las empresas necesitan incorporar principios de economía circular a su operación y la de su cadena de valor, respondiendo a los riesgos ya señalados de escasez de materias primas, aumento del precio de las mismas, dificultades de acceso, irrupción de nuevas tecnologías y modelos de negocio con enfoque circular, conciencia eco de los consumidores, a la vez que reducen sus costos y responden a regulaciones que están proliferando especialmente en la parte de gestión de residuos, preparándose también para futura normativa ambiental que pueda llegar en el corto y medio plazo.

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Si la atención de los riesgos no supone suficiente argumento, la economía circular aporta oportunidades de negocio, en la oferta de servicios de recuperación de residuos, mantenimiento y/o reparación, plataformas de comercio, desarrollo de productos modulares, soluciones de eficiencia de procesos (incluyendo software) y modelos de uso por sobre compra/venta de la propiedad (ej. en la industria automotriz y de transporte).

La transformación de la operación de una compañía bajo principios de economía circular, así como el planteamiento de nuevos modelos de negocio, precisa de la identificación y trabajo en alianzas, desde los proveedores que pueda codiseñar los nuevos materiales y componentes hasta el involucramiento de los propios consumidores. Este último aspecto está tomando especial relevancia por el escenario de regulaciones que paso a abordar.

América Latina vive un momento de efervescencia en regulación especialmente vinculada a los plásticos, luego de una primera etapa de desarrollo de los marcos normativos de gestión de residuos. Los plásticos de un solo uso se han convertido en el enemigo a batir, ya sea en la forma de bolsas plásticas o con un enfoque más amplio de productos. Ha sido determinante para ello el impacto en la sociedad de abrir los ojos sobre la contaminación de los mares. Esta tendencia regulatoria puede entenderse como precipitada, sin la participación del sector empresarial; pensemos que al menos ha servido para abrir el debate, para generar espacios de intercambio de ideas y promover la adopción de esquemas de economía circular, extendiéndonos más allá de los envases y embalajes, involucrando tanto a las empresas como a los consumidores.

En este momento, Panamá vive ese escenario, con un enorme potencial por delante. Las compañías tienen la oportunidad de entender la aportación al negocio, la sostenibilidad en el tiempo que arroja mover su enfoque de modelos lineales a circulares. El entendimiento de las opciones para su negocio y actividades, y de los nuevos nichos que pueden atender, requiere además del trabajo con terceros en la cadena de valor. Las alianzas entre empresas se erigen en paso necesario, y veremos cada vez más casos en el corto plazo, acompañadas de la otra gran necesidad: la sensibilización de aquellos segmentos de consumidores todavía reacios, en un ejercicio de educación para el desarrollo sostenible que no se detiene nunca.

Aprovechemos el momento para potenciar el cambio, contribuyendo todos.