¿Están preocupados los inversionistas por el desempeño no financiero?

Columna personal publicada en El Economistagoo.gl/337K1S

La atención de los inversionistas a los aspectos sociales,
ambientales y de gobierno corporativo de las compañías (ESG, por su siglas en inglés), es creciente, como refleja la serie de estudios que al respecto viene realizando EY desde el 2013. Sus resultados se unen al movimiento que están experimentando los mercados en cuanto a la transparencia en el desempeño no financiero de las empresas listadas, con índices específicos para aquellas compañías que lideran la gestión y comunicación de los temas, o incluso la exigencia a la totalidad de las emisoras de informar al respecto, en función del país.

Recién están a disposición pública los resultados del tercer estudio de la serie Tomorrow’s Investment Rules que venimos realizando desde EY, en el que han participado más de 320 inversionistas a nivel internacional. Aunque existen otros factores que propician la comunicación no financiera de las compañías, como la proliferación en regulaciones o las exigencias en las cadenas de suministro, la demanda de los inversionistas se erige en principal impulsor. Ello va de la mano del impacto financiero que tienen los aspectos ESG, que cada vez queda de manifiesto en mayor medida.

Cabe destacar que 29% de los encuestados ha reducido en el último año su participación en compañías como precaución ante el riesgo de que los activos pierdan valor, lo que se conoce como stranded assets. A esta fracción se suma otro 33% de los inversionistas, que indican van a poner énfasis en el monitoreo al respecto. Por tanto, el desempeño social, ambiental y de gobierno corporativo no es objeto de una mera consulta complementaria a la información estrictamente financiera, sino que forma parte de la toma de decisiones. Esto es significativo dada la competencia de las empresas por captar y fidelizar capital.

Respecto de cómo obtienen la información, los inversionistas manifiestan en mayor medida su uso informal frente a procesos estructurados, lo que está directamente relacionado con la brecha que existe entre sus necesidades y el modo en que las compañías están comunicando el desempeño, así como las dificultades para hacer comparativas entre empresas. En este escenario, son clave los estándares a nivel internacional, como los desarrollados por Global Reporting Initiative o el International Integrated Reporting Council.

En cuanto a la forma, al mecanismo para poner a su disposición los datos, 57% de los inversionistas señala los informes integrados como esenciales o muy útiles, ya a la altura de los tradicionales informes anuales más estrictamente financieros (63 por ciento). Se trata de un tipo de publicación destinado a los inversionistas, que aúna información financiera y no financiera, mostrando su relación con la estrategia y modelo de negocio, así como las perspectivas de la compañía. Esta tipología de informe está creciendo de manera destacada en México, buscando también como audiencia a otros grupos de interés, si bien de manera menos prioritaria, lo que constituye una de sus diferencias con los informes de sustentabilidad.

La determinación de los contenidos sobre los que informa la compañía es clave; de hecho, 60% de los participantes señaló que las empresas no reportan adecuadamente sus riesgos en aspectos ESG. Es, por tanto, fundamental hacerlos partícipes del proceso del informe.

En este momento, muchas de sus compañías se encuentran participando de la evaluación para su inclusión en reconocidos índices internacionales, como la serie del Dow Jones Sustainability Index o el recientemente anunciado para el Mercado Integrado Latinoamericano. Este tipo de iniciativa muestra la relevancia de la información no financiera tanto en el contexto global como regional, y nos invita a poner manos a la obra en términos de gestión y comunicación con respecto a nuestro desempeño social, ambiental y de gobierno corporativo.

La sostenibilidad se afianza en los mercados de valores de América Latina

Artículo personal publicado en Diario Responsablegoo.gl/VFRDLU

La incorporación de criterios de sostenibilidad por parte de los inversionistas constituye una tendencia imparable, que suma la evaluación del desempeño socioambiental y de gobierno corporativo, a los tradicionales variables de resultados y perspectivas financieras para la inversión.

En América Latina se están produciendo destacados avances, el último anunciado a inicios de marzo, sobre la creación del Índice de sostenibilidad para el Mercado Integrado Latinoamericano (MILA), que está previstos sea lanzado a finales de este año. El MILA está integrado por los mercados de valores de Chile, Colombia, México y Perú, y contará para el desarrollo de este índice con el apoyo de S&P Dow Jones Indices (S&P DJI), la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés) y RobecoSAM. De este modo, será posible disponer de un listado regional que integre a las empresas públicas líderes en estos temas, continuando el camino iniciado de manera específica por cada uno de los mercados participantes.

La inclusión de la sostenibilidad como criterio de evaluación para las empresas listadas fue iniciada en la región por BM&BOVESPA en 2005, con la creación del primer índice al respecto (Índice de Sustentabilidade Empresarial, ISE), al que siguió el IPC Sustentable de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) en 2011. Desde entonces, la trayectoria ha seguido una doble vía: la adhesión a iniciativas internacionales y la proliferación de aquellas de carácter local, con el déficit de una actuación conjunta a nivel regional. Éste es cada vez más relevante dada la proliferación y crecimiento de las llamadas multilatinas, empresas nacidas en países de la región, con fuertes procesos de expansión y presencia mundial.

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A nivel internacional, destaca la Sustainable Stock Exchanges Initiative (SSE), nacida en 2009 pero especialmente robusta desde 2012 con el compromiso de cinco primeros mercados, entre los que se encontraba BM&FBOVESPA, que tiene ahora como compañeros regionales a bolsas de valores de Argentina, Chile, Colombia, México y Perú[1]. Promueve la adopción de prácticas en materia de comunicación sobre el desempeño ASG (ESG si consideramos las siglas en inglés), destacando en 2016, entre los participantes de la región, el lanzamiento de guía de reporte por la Bolsa de Comercio de Santiago (Chile).

Si analizamos los casos en el MILA, nos encontramos la existencia de índices de sustentabilidad en Chile, el Dow Jones Sustainability Chile Index (DJSI Chile), que en 2016 duplicó en su segunda versión el número de compañías hasta los 24 integrantes, como muestra del éxito de la iniciativa, y el ya mencionado IPC Sustentable en México. En Perú, la reportabilidad ha ido de la mano de la legislación y Colombia se encuentra avanzando en diferentes iniciativas.

El caso de Perú es interesante ya que muestra la relevancia de la legislación en la comunicación del desempeño corporativo. Luego de la publicación  en 2015 de una resolución por parte de la Superintendencia del Mercado de Valores (SMV), se volvió requerimiento obligatorio la emisión  de un informe de sustentabilidad para las empresas listadas. Esto era inicialmente para aquellas que ya tenía trayectoria al respecto (abril 2016) y para abril de este año será requerido también para aquellas que se estrenan al respecto. En Chile esto es solicitado por normativa sólo para las empresas propiedad del estado, y en el resto aún no existen lineamientos. En el debate entre si regular o no respecto a la obligatoriedad de reportar en temas ASG, el principio de “report or explain”, es decir, comunique o diga por qué no lo hace, se erige en solución intermedia.

Por otra parte, las compañías de la región comienzan a abrirse paso en los índices internacionales. En el caso del Dow Jones Sustainability Index, en su más reciente actualización se incluyen 11 compañías de América Latina (Brasil, Colombia y Chile, por ese orden en cuanto a representantes), cifra que se extiende a 29 en el caso del índice para mercados emergentes, que considera adicionalmente a los del global, compañías de México y otros representantes de Brasil, Colombia y Chile. Esto es especialmente destacable en un contexto de competencia con grandes compañías desarrolladas en mercados más maduros en términos de gestión y comunicación de la sustentabilidad, como los países europeos. Da cuenta del papel de referentes que desempeñan a su vez en los mercados de origen, como impulsores de buenas prácticas entre el sector empresarial. También contamos con líderes regionales en la versión del FTSE4Good para mercados emergentes, iniciativa de la Bolsa de Londres que fue lanzada el pasado año, dando continuidad a su índice global de sostenibilidady otros regionales.

El valor de la sostenibilidad para los inversionistas es una realidad que no hace sino fortalecerse, vinculada a la gestión de riesgos de riesgos que garantiza el abordaje por las compañías de sus impactos ambientales y sociales, bajo un esquema de gobierno corporativo que garantice la toma de decisiones considerando el interés del conjunto de grupos de interés.

 

Los idus de marzo en la comunicación del desempeño corporativo

Columna personal publicada en El Economista: goo.gl/fH47zS

Dejamos atrás febrero y nos adentramos a una temporada clave para las compañías en cuanto a la relación con sus grupos de interés, especialmente en aquellas cotizadas y la atención a los inversionistas. Llega el momento de rendir cuentas del año precedente, de mostrar los éxitos y fracasos de la gestión empresarial, de hacer balance de las fortalezas mostradas y las oportunidades de mejora que han aflorado. Aunque el mundo está cada vez más conectado y vivimos la información al instante, los balances anuales siguen teniendo ese valor comparativo, ese cariz de parar y echar la vista atrás.

El desempeño corporativo ya no se manifiesta únicamente en resultados estrictamente financieros, de la mano principalmente de la gestión de riesgos toman protagonismo también las métricas en materia social y ambiental. En una comunicación que las compañías comenzaron tradicionalmente con informes de medio ambiente, desarrollo comunitario y/o seguridad ocupacional, se produjo una prima etapa de integración, dando como resultado los informes de sustentabilidad. Estos suman además otros aspectos laborales, el gobierno corporativo y el quehacer económico en relación con la distribución de los ingresos entre los grupos de interés. Pero esa fase parece estar llegando a su fin, en términos del grueso de la campaña de Gauss, pues seguirá siendo opción para quienes incursionan en la reportabilidad. Es el momento de los informes integrados, de reflejar la madurez en el entendimiento de la sustentabilidad al incluir el desempeño financiero y no financiero en un único balance, de darle una relevancia compartida, como componentes integrales en la creación de valor de la compañía.

Estos días se ultima el resultado de un proceso de meses, que no debe ser entendido como el proyecto de un área o equipo específico, sino como ejemplo de iniciativa transversal que involucre a las diferentes áreas, así como a los grupos de interés, al menos aquellos prioritarios. No se trata de una herramienta unidireccional, sino de la oportunidad de fortalecer la confianza mediante la participación activa, aprovechando la facilidad de un mayor alcance que entrega la tecnología.

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Aunque defendamos un proceso de abordaje de la sustentabilidad que comience por el levantamiento de la línea base respecto a las iniciativas que puedan existir y continúe con la definición de una estrategia e implementación de un plan de acción, no debemos perder de vista el potencial de utilizar el informe anual como detonante, de realizar el proceso a la inversa. Esto está poniéndose especialmente de manifiesto en aquellos países que han establecido obligaciones al respecto, especialmente para las empresas cotizadas. A los casos regionales en que destacan Argentina y Brasil, se suma el nuevo escenario en Europa donde parece estar zanjándose el debate entre el requerimiento obligatorio o la voluntariedad, a favor del primero.

Es importante considerar, además, el rol del informe anual como base para plantear otras comunicaciones ya más específicas por grupo de interés, no caer en la utopía de que sirve “para todos” y aprovechar su potencial como reservorio de información con la que poder transmitir adicionalmente mensajes más específicos por audiencia.

Otro tema cobrará relevancia en los próximos meses, luego de la celebración de las asambleas de accionistas, la respuesta al ¿y ahora qué? Hay que darle vida al informe, utilizarlo como detonante de nuevos espacios de diálogo, de participación en torno a las fortalezas y oportunidades de mejora en la compañía respecto a la gestión de los temas sociales, ambientales y también los económicos, rompiendo con la histórica disociación entre ellos.

No temamos a los idus de marzo.

Cadenas de suministro, ¿comprometidas?

Columna personal publicada originalmente en El Economistagoo.gl/mGfMbh

Las compañías han pecado tradicionalmente de una corta mira en cuanto a los impactos que generan sus actividades, centrándose de manera exclusiva o principal en aquéllos asociados de manera directa a la operación, dejando de lado los generados en su cadena de suministro. Estos impactos también son responsabilidad de la empresa, indirectamente relacionados con ella, debido a que su generación está asociada a los requerimientos que realizan a sus proveedores. Hacer caso omiso de ello conduce además a importantes riesgos operativos y reputacionales, por incidentes en el abastecimiento ante compañías en la cadena cuya sustentabilidad es muy discutible, que pueden enfrentar huelgas, sanciones o violaciones de los derechos humanos con graves consecuencias.

En primer lugar es esencial que la compañía tenga claro su enfoque de la sustentabilidad, cómo va a desarrollar una estrategia al respecto y que cuente con un código de ética que rija el desempeño de sus colaboradores. Sin tener ordenada la casa de uno, difícilmente se puede pedir lo mismo a los demás. A partir de ese momento, el desarrollo de un código específico para proveedores o la aplicación del corporativo son esenciales para fijar las bases de la relación, ampliables en un listado de requerimientos que puede estar enriquecido a partir de estándares internacionales y las mejores prácticas del sector. Para completar las “reglas del juego” se fija si su cumplimiento es obligatorio para el establecimiento o mantenimiento de la relación en caso de que ésta ya exista, o un variable que enriquece el posicionamiento al momento de la selección. Hay que evitar aproximaciones dogmáticas pero también “lavadas de cara”, y será lo crítico del aspecto e impacto los que finalmente sustenten la aproximación elegida.

Llegados a un marco de relación con criterios de sustentabilidad, alcanzamos el momento de las auditorías. La compañía ha de plantear una revisión del cumplimiento de las condiciones señaladas, bien de manera directa por sus equipos o través de terceros. En este último caso es importante el involucramiento activo de la compañía en la selección y seguimiento del trabajo del auditor, para evitar el incumplimiento de niveles básicos de escrutinio. Aún queda en la memoria el incidente del Rana Plaza en Bangladesh en el 2013, con más de 1,000 fallecidos por el derrumbe de un edificio que albergaba talleres textiles y había sido auditado previamente, entre otros casos de negligencia que han acontecido en los últimos años.

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Pero la aproximación a los proveedores depende del tamaño y grado de desarrollo de los mismos, no pudiendo aplicarse un enfoque común a todos. En el caso de las pymes es clave que la compañía, además de establecer el umbral de cumplimiento, apoye a las empresas para que lo alcancen, mediante la aportación de recursos técnicos que contribuyan a mejorar las condiciones de operación y el apoyo en la institucionalización de los aspectos laborales, sociales y ambientales. El desarrollo de proveedores es pieza esencial en la consecución de una cadena de suministro sustentable.

En el caso de grandes proveedores, que en muchos casos ya disponen de estrategias y programas de sustentabilidad, la aproximación ha de fundamentarse en el desarrollo de iniciativas conjuntas, la generación de sinergias que permitan ampliar el impacto positivo así como la identificación de otras oportunidades en las que seguir trabajando.

Para poder hacernos cargo de nuestros impactos como compañía debemos seguir lo alargado de nuestra sombra, identificando aquello que cubre los posibles impactos y trabajando de manera colaborativa para que la huella sea en positivo.

De Quijotes y molinos: gestión y comunicación de la Responsabilidad Social en la empresa

Artículo personal publicado en Diario Responsablegoo.gl/KAXiyF

En este momento, en que dejamos un año atrás y corremos una hoja de nuestra libreta para comenzar a escribir uno nuevo, las compañías se encuentran en un momento clave respecto a su comunicación corporativa.

En el proceso de elaboración de sus informes anuales, memorias de sostenibilidad o informes integrados, luego de unos meses centrados en la determinación de cuáles son los contenidos a reportar, comienza el arduo proceso de levantar la información. Llegados a este punto es donde aflora especialmente el principal aspecto crítico de la comunicación del desempeño, también de la gestión de los temas que podríamos calificar como “no financieros”: el convencimiento de la alta dirección en el propósito de la responsabilidad social y las prácticas de gobierno corporativo, como herramientas de acción para alcanzar el objetivo de la sostenibilidad, así como la transversalidad de la misma entre las diferentes áreas de la compañía y la permeabilidad en el conjunto de equipos.

De nada sirve el convencimiento de los ejecutivos a cargo de la responsabilidad social, sobre cuyo rol comentaré más adelante, sin el respaldo e involucramiento de pares y superiores. Con una alta resistencia a la frustración, se enfrentan al doble reto de hacer pedagogía y gestionar la obtención de resultados. Sensibilizar a la alta dirección sobre la importancia estratégica de estos temas no debiera ser necesario a estas alturas del proceso, sin embargo en ocasiones la comunicación del desempeño en sostenibilidad tiene un carácter de “inercia” o “moda”, en que la gestión y comunicación no están necesariamente vinculadas a la existencia de un convencimiento en los órganos de decisión. En este sentido, involucrar a directores y consejeros en la determinación de los contenidos, la popular “materialidad” de la que oímos hablar reiteradamente, constituye un aspecto clave. No podemos contar con la perspectiva estratégica de la compañía sin preguntar a quienes se encargan de pilotar la nave y marcan las directrices de su rumbo. Contar con el respaldo del CEO, comunicado al interior de la compañía de manera explícita e incluso su participación activa en el lanzamiento del proceso de reporting, es asimismo decisivo para el éxito del proceso.

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La colaboración de las diferentes áreas es la base de todo, sin ello no es posible tanto la gestión como la preparación de las diferentes herramientas de comunicación. Es importante transmitir la idea de “colaboración para un fin común”, romper con la errónea consideración de que se trata de un proyecto del “área de RS”, que supone un esfuerzo adicional a la carga de trabajo que ya de por sí tienen los equipos. Se dice fácil, pero ¿cómo generar el cambio? No existe la solución mágica, hay que buscar la combinación de esfuerzos de “arriba a abajo”, con líderes comprometidos, y “transversal”, involucrando a las áreas no sólo en este momento y para el reporte, sino en el propio diseño, ejecución y seguimiento de las iniciativas de responsabilidad social. Contar con una estrategia es un “must”, que permite tener objetivos claros y un alineamiento interno al respecto. Ello se completa con un comité “efectivo” de coordinación y monitoreo, con representación de las diferentes áreas, desde recursos humanos a compras, y la disposición de poder para la toma de decisiones, evitando roles meramente representativos.

Vemos como la búsqueda del involucramiento transversal de la compañía en el reporting está directamente vinculada con un enfoque similar de la gestión, no se entiende lo uno sin lo otro, y menos en una trayectoria hacia la madurez en la responsabilidad social de las empresas. Este mismo planteamiento está en la base del debate sobre la necesidad de disponer o no de un responsable y/o área específicamente encargado . Sólo apuntar aquí lo que considero es la necesidad inamovible de contar con ejecutivos a cargo de la coordinación, atentos a que el engranaje resultante de la participación inter áreas no se desajuste.

En este momento crítico para los ejecutivos y equipos de responsabilidad social, que fungen muy frecuentemente como Quijotes luchando en solitario frente a temibles molinos, no cabe sino buscar aquellos mecanismos y opciones que convierta sus objetivos en comunes y los esfuerzos en oportunidades de colaboración inter áreas. Como bien decía Cervantes, salvando las diferencias, “en las desventuras comunes se reconcilian los ánimos y se estrechan las amistades”

La elección de Trump desde la RSE

Columna personal publicada en El Economistahttp://dwo.es/8iz7

Uno de los hechos más destacados del año: la elección presidencial de Donald Trump en nuestro vecino del norte plantea incertidumbres en cómo las empresas de uno y otro lado de la frontera desarrollarán sus programas de Responsabilidad Social (RS), tanto en el objetivo como en la forma.

En relación con las compañías que operan en Estados Unidos, se enfrentarán a un escenario negacionista del cambio climático, con la promesa en campaña por parte del ahora presidente electo de abandonar el Acuerdo de París. Las prioridades entregadas por las empresas a la potenciación del abastecimiento a partir de fuentes renovables, será dificultado en un contexto económico en que se favorezcan de nuevo las energías fósiles.

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En relación con sus promesas de modificar las condiciones en que Estados Unidos participa de tratados internacionales de comercio, e incluso de salir, arroja un incierto futuro en cuanto al intercambio de bienes y servicios con el país, sumado a sus anuncios de un comeback de la más estricta política arancelaria. La globalización del comercio ha tenido un doble papel en materia de RS, inicialmente con la controversia de los impactos sociales y ambientales por la deslocalización o externalización de la producción en terceros países con regulaciones más laxas. En contraposición con ello se encontraba el rol de la RS como diferenciador y ventaja competitiva, especialmente en mercados maduros en términos de cuidado del medio ambiente y respeto a los derechos humanos. Este factor ha servido como potenciador del involucramiento de las empresas en la gestión de sus impactos, incluyendo el monitoreo de sus cadenas de suministro. Pero ahora, en un contexto donde el foco de las empresas podría pasar de mercados en el exterior a los consumidores locales, ¿seguirá arrojando la RSE ventaja competitiva? ¿Continuará en la mesa de decisiones? Para que continúe el involucramiento activo de las empresas será clave cuando hayan interiorizado el valor que aporta con respecto a otros grupos de interés como sus colaboradores, cada vez más atentos con el enfoque de sus compañías en estos temas.

El otro gran cambio anunciado por Donald Trump se encuentra en la política migratoria, lo que tendrá efectos tanto en las empresas que operan en Estados Unidos como las que lo hacen en territorio mexicano. En este último caso, el retorno de los migrantes llevará a un incremento de la población cesante, que en una dinámica de oferta-demanda, puede llevar a una baja de los salarios, entre otros efectos. Es importante garantizar que las mejoras laborales conseguidas no se reviertan. Asimismo, las empresas se encontrarán ante el desafío de potenciar los programas de RS destinados a las familias de sus colaboradores, con iniciativas de desarrollo de capacidades y empleabilidad. Sin caer en el cortoplacismo de la filantropía, es importante buscar soluciones transformadoras, que integren a la empresa y a sus cadenas de suministro locales, contribuyendo al desarrollo económico de proveedores que puedan ser asimismo fuentes de oportunidad.

No son pocos los desafíos que la elección presidencial en Estados Unidos arroja sobre la responsabilidad social de las empresas, que ya en el corto plazo expondrá qué compañías creyeron en el potencial estratégico de la misma, frente a quienes se subieron a la ola sin creer en la transformación que arroja.

2016: hitos y desafíos de la sostenibilidad

Artículo personal publicado en Diario Responsablegoo.gl/pBVaQ7

Nos encaminamos al cierre de este intenso año y, sin ánimo de pecar de prematuro, es interesante comenzar a echar la vista atrás hacia los hitos que han marcado la agenda en sostenibilidad. Recapitular sobre los avances conseguidos y las oportunidades perdidas, con un espíritu constructivo, no busca sino ser un acicate para todos quienes queremos aportar a la consolidación de un futuro común.

Luego del lanzamiento durante 2015, en el marco de Naciones Unidas, de la Agenda 2030 y su más conocido exponente: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), este año los esfuerzos se centraron en la creación de una conciencia colectiva al respecto. Resultado de la participación del sector privado y las organizaciones de la sociedad civil, junto a las agencias y administraciones de los estados miembro, los ODS están posibilitando un lenguaje común, clave para el trabajo conjunto que requiere su consecución.

De manera particular, en este primer año de los ODS, las administraciones públicas han centrado sus esfuerzos en el levantamiento de la línea base de políticas que ya existían respecto a los temas cubiertos, la identificación de las prioridades para el desarrollo de nuevas políticas públicas y la creación de instancias de coordinación y monitoreo. En el caso de las empresas, el énfasis ha recaído en entender la contribución que pueden aportar a través de sus actividades, de las iniciativas de responsabilidad social con las que vienen trabajando en sus impactos y de nuevas oportunidades de negocio en las que la innovación contribuya al desarrollo socioeconómico. Las organizaciones de la sociedad civil, ante la oportunidad de arraigar la colaboración con administraciones y empresas en relación a las temáticas de la Agenda, han trabajado intensamente al respecto, exponiendo las prioridades que entrega su conocimiento de las realidades in situ y buscando nuevas posibilidades en el marco de modelos innovadores como las cadenas híbridas de valor.

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Dando continuidad a otro de los grandes hitos de 2015, el Acuerdo de París para la lucha contra el cambio climático, este año nos encontrábamos en el período clave para su entrada en vigor, que requería de la ratificación de al menos 55 países que representen a su vez el 55% de las emisiones mundiales de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Alcanzado el umbral en octubre, la 22ª sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP22), celebrada en Marrakech en noviembre, permitió avanzar en la agenda de trabajo para aterrizar los puntos del Acuerdo.

A pesar de la rápida entrada en vigor del Acuerdo, en la COP22 se decidió mantener 2018 como plazo para el desarrollo de las reglamentaciones necesarias, en aspectos como la contabilidad y monitoreo de emisiones. El otro gran resultado de la cumbre fue la fijación de la continuidad del Fondo de Adaptación, mecanismo propio del Protocolo de Kioto, como instrumento para canalizar los fondos que los países desarrollados deben aportar para la implementación de iniciativas de adaptación en los estados con menos recursos. Ante la ya difícilmente alcanzable meta de evitar el aumento de temperatura del planeta a 2°C a finales de este siglo respecto de los niveles preindustriales, los países lanzaron además una declaración de apoyo al Acuerdo de París y a lo irreversible de la lucha contra el calentamiento global, en un contexto de incertidumbre política luego del triunfo electoral de Donald Trump.

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Continuando con el repaso a los hitos en torno a Naciones Unidas, más alentador que mirar fracasos como la inacción del Consejo de Seguridad ante el conflicto sirio, llegamos a Habitat III y la aprobación de la Nueva Agenda Urbana. Con la criticidad que entrega el hecho de que se realice cada 20 años y que actualmente ya más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, las pautas establecidas sobre cómo deben evolucionar éstas deben ser consideradas seriamente por los estados, a pesar de su carácter no vinculante. La ciudad del futuro ha de ser más compacta, que con una adecuada planificación permita reducir las emisiones del transporte y contribuir a la lucha contra el cambio climático, y más inclusiva, facilitando la incorporación de la población que cada día se incorpora a las mismas y reduciendo la desigualdad que ha venido creciendo a lo largo de sus arterias.

Saltando al mundo de la empresa, de la transparencia y rendición de cuentas, destaca el lanzamiento de los GRI Standards para la comunicación del desempeño en la triple vertiente de la sostenibilidad: social, ambiental y económica. La trascendencia del hecho radica en que la metodología desarrollada por Global Reporting Initiative (GRI) constituye la más utilizada a nivel internacional, especialmente en Europa y América Latina. Luego de casi dos décadas de recorrido, la metodología evoluciona a un set de estándares, actualmente 36, a los que podrán sumarse otros en el futuro, de manera de estar apegados a los temas que van tomando protagonismo estratégico en la sostenibilidad de las compañías. Sigue siendo clave concentrar la información en aquellos temas claves desde la perspectiva de los grupos de interés y la estratégica para la compañía,  reportar “lo qué importa y dónde importa”. Ello se produce en un contexto de creciente relevancia de la comunicación no financiera, como lo demuestra la aprobación de la Directiva Barnier en la Unión Europea en 2014 y la transposición que los estados miembro deben hacer a sus respectivos ordenamientos jurídicos antes de que termine este año.

Una tendencia han ido creciendo a lo largo del año, alcanzado niveles extremadamente preocupantes a esta fecha: la combinación de populismo y proteccionismo, que muchos reflejarían en la figura de Donald Trump. Sin entrar a valorar el sustento social de las decisiones electorales a las que estamos asistiendo, las empresas se encuentran ante la tesitura de realizar un reajuste de sus cadenas de suministro, frente a un posible retroceso de los acuerdos internacionales de comercio y el desarrollo de medidas proteccionistas, así como a la atención preferente del mercado local como destinatario de la producción, temor especialmente de manifiesto en México, desde dónde escribo estas palabras. En términos de responsabilidad social, cambiará el mapa de impactos y riesgos asociados a las operaciones y, con ello, será necesario rediseñar las estrategias de sostenibilidad y voltear la prioridad de las iniciativas.

El próximo año se acerca lleno de enormes desafíos, con los gobiernos expuestos a la creciente necesidad de tomar medidas que aterricen los grandes acuerdos internacionales a la realidad de sus países, y el refuerzo del consenso internacional es aspectos clave como el respeto a las minorías, que António Guterres tendrá la mesa al asumir su mandato en Naciones Unidas. Las empresas por su parte se enfrentan a la necesidad de avanzar en la incorporación de la sostenibilidad como elemento estratégico en su planificación y gestión, buscando las sinergias con el desempeño de los estados y las organizaciones de la sociedad civil. ¿Utopía? El tiempo y el esfuerzo de todos construirán la respuesta.